El té, el café, las colas contienen cafeína o teína, que son excitantes. Producen un estímulo intelectual y físico de carácter leve pero real. El consumo excesivo de tales productos puede producir irritabilidad o insomnio.
El tabaco y el alcohol si se abusa de ellos, se comportan como drogas.
Por descontado, los medicamentos contra la angustia (los ansiolíticos) y contra el insomnio (los somníferos) permiten relajarse o dormir.
Pero si se usan de modo inadecuado y en dosis excesivas, se convierten en drogas que producen embriaguez, excitación y agresividad. En caso de sobredosis, pueden tener consecuencias graves ( coma, muerte).
Los antidepresivos, las anfetaminas ( pastillas que quitan el hambre) y, por supuesto, los estupefacientes como la morfina, o la metadona también pueden resultar peligrosos. Los disolventes ( tricloroetileno, éter, pegamentos, gasolina) desprenden vapores tóxicos que, aspirados por el usuario, le producen embriaguez y le hacen perder el contacto con la realidad. También provocan vómitos y vértigo. A medio plazo pueden afectar al cerebro, al hígado y a los riñones. Pero a corto plazo presentan riesgos de muerte por edema pulmonar agudo o por asfixia ( el joven mete la cabeza en la bolsa para reforzar los efectos del producto)
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